El capítulo sobre la industria cultural de la Dialéctica de la Ilustración de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno lleva por título «La industria cultural: Ilustración como engaño de masas». Escrito a comienzos de los años cuarenta, este ensayo estaba dirigido contra la creciente influencia de la industria del entretenimiento, contra la comercialización del arte y contra la uniformización totalizante de la «cultura», sobre todo en el país al que emigraron los autores, Estados Unidos. En un estilo verbal violento con tintes de pesimismo cultural, su posición escéptica hacia los nuevos medios —como la radiodifusión o el cine— llevó a los dos autores a describir un amplio espectro del ámbito cultural por medio de un concepto que parecía el más ajeno a las esferas culturales: definieron la cultura como industria…
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Al hablar de la crítica de la institución el problema que deberíamos considerar es el opuesto: la institución de la crítica. ¿Hay algo semejante a una institución de la crítica? ¿Qué significa? ¿No es absurdo argumentar que exista algo así en un momento en el que las instituciones culturales críticas están siendo sin duda desmanteladas, son escasamente financiadas, están sujetas a las exigencias de una economía neoliberal del espectáculo, etcétera? No obstante me gustaría plantear la cuestión en un nivel mucho más fundamental. La pregunta es: ¿cuál es la relación interna entre crítica e institución?, ¿qué tipo de relación existe entre la institución y su crítica o, por otra parte, la institucionalización de la crítica?, y ¿cuál es el trasfondo histórico y político de esta relación?
What does it mean to reflect critically on social conditions? What does criticizing actually mean in the first place? Questions such as these are rarely posed at the present time and answers are even rarer.[1] Even so, it is possible to see how change, transformation and the disappearance of particular modes of governing are made conceivable and promoted, on the basis of the current understanding of critique and from the way a critical attitude positions itself within a theoretical structure. So I propose for now a brief, provisional reply to the question on the possible meaning of critique: critique should not just be limited to judgement and negation. As far as political practices are concerned, critique may be seen as far more productive than a specific form of refusal, as withdrawal and escape together with a resultant capacity for action…
Algunos de nosotros y de nosotras, productores y productoras culturales,[1] ni siquiera consideramos la idea de un empleo fijo en una institución. Como mucho unos pocos años, después queremos algo diferente. ¿No ha sido siempre nuestra idea la de no vernos forzados a una sola dedicación, a la definición clásica de empleo que ignora tantísimas cosas? ¿No se trataba de no venderse, de no vernos compelidos o compelidas a renunciar a las muchas actividades que tanto nos apetecen? ¿No era tan importante el hecho de no adaptarse a las limitaciones de una institución, ahorrar el tiempo y la energía necesarios para los proyectos creativos, y quizás políticos, que realmente nos interesan? ¿Acaso no aceptamos de buen grado un trabajo más o menos bien pagado que, sin embargo, abandonamos cuando sentimos que ya no nos viene bien? Al menos nos habrá dado un poco de dinero que nos sirva para llevar adelante un nuevo proyecto con más sentido, seguramente peor pagado, pero más satisfactorio…
Art institutions and art projects of today, produced in the capitalist First World, function on the basis of unbearable abstraction. This means that an enormous quantity of creativity is being released; however, it remains cut off from that which is most important, namely, resistance. In other words, artistic strategies and tactics that generate different forms of resistance have been evacuated. Artistic forms entail a lot of innovation and creation – but where are the forms of resistance? How do we engender resistance that opens up the possibilities of change?